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A LAS OFICINAS DEL MUNDO ENTERO; DALES, SEÑOR, DESCANSO ETERNO

El concepto de oficina, tal como lo conocemos actualmente, se origina en el modelo que el empresario estadounidense Henry Ford (1863-1947) implementó en su fábrica automotriz de producción en línea en 1913 para, años después, y como consecuencia de esto, convertirse en oficinas abiertas, con varios puestos de trabajo donde el espíritu del empresario era maximizar los espacios y los recursos. Había, también, una obsesión explícita por la eficiencia y el control del personal aprovechando al máximo el tiempo del colaborador.

Esto ha llevado a que los empleados sientan que viven en la oficina, pues la mayor parte del día la pasan en ella. Ven con más frecuencia a sus colegas que a su propia familia. Prácticamente, la oficina se ha convertido en su segundo hogar con lo cual, actualmente, las empresas no solamente buscan un mejor rendimiento sino una mayor comodidad para sus colaboradores que antes no se tenía en cuenta. En este tema, las áreas de recursos humanos dieron un gran salto cualitativo.

Sin embargo, a varios empleados se les escucha decir que, prácticamente, el trabajo se ha convertido en su vida generándoles altos niveles de stress. Y, ¿esto es bueno? ¿Queremos vivir encadenados a nuestro escritorio?

El ensayista inglés, Charles Lamb (1775-1834) manifestó su experiencia laboral cuando trabajaba en la British East India Company de la siguiente manera: “Usted no imagina el cansancio que supone respirar el aire encerrado entre cuatro paredes día tras día, sin alivio”. A esto, habría que sumarle el hecho que él y sus compañeros de trabajo tenían que firmar, no solamente al entrar y salir de la oficina, sino cada 15 minutos con la finalidad de dejar constancia de que estaban en la oficina.

La pandemia nos ha llevado de una manera brusca, casi de un día para otro, al aislamiento sanitario y, con esto, a cambiar muchos de nuestros hábitos y costumbres. Entre ellos, la forma de trabajar y de relacionarnos con nuestros compañeros de trabajo y con nuestro centro laboral. En estos días, ha cobrado gran importancia la tecnología de la información y comunicación. El concepto de oficina está cambiando y, probablemente, cambiará después de la cuarentena. El mundo post pandemia ya no será el mismo.

En una reciente encuesta, en plena cuarentena, publicada por el diario El Comercio (Lima, 2020) se señala que solamente el 7% de los empleados desearía seguir trabajando en su casa y que el resto desearía regresar a su oficina. ¿Por qué razón el 93% desea regresar a su oficina? ¿No tiene las comodidades ni el espacio en el hogar como para mantener una relación laboral a distancia? ¿Hay muchas distracciones en el hogar? ¿Qué buscamos en la oficina que no encontramos en nuestro hogar? ¿Estructura para nuestra vida? ¿Disciplina? ¿Propósito? Si este fuere el caso, ¿no podemos, nosotros mismos, ser autónomos en ese sentido y prescindir de un agente externo para que le brinde propósito a nuestra vida? ¿No podemos auto disciplinarnos?

Es conocido por todos que el aislamiento sanitario en el que vivimos marcará por siempre nuestras vidas a tal extremo que, probablemente, cuando se levante la cuarentena nos seguiremos cuidando.

Y seguramente ya no nos saludaremos con un apretón de manos ni dándoles un  beso en la mejilla a nuestras compañeras de trabajo. La pandemia nos ha marcado. No vamos a querer estar en ambientes cerrados con  muchas personas en el interior. Nos lavaremos las manos con mayor frecuencia y probablemente sigamos usando mascarillas. ¿Iremos al cine tal como lo hacíamos antes de la pandemia? (Dicho sea de paso, ¿regresarán los autocines?)

Es muy probable, entonces, que las labores desde nuestro hogar se extiendan por unos meses más con lo cual, ambas partes (empresas y colaboradores) debemos hacernos la idea de continuar con este tipo de relación laboral completamente nuevo para todos. La relación entre la empresa y sus colaboradores debe basarse en una relación de confianza y en el cumplimiento de objetivos claros, bien definidos y medibles. La tecnología de la información y comunicación ayuda en ese sentido. Los tableros de control, los celulares, las videoconferencias, el correo electrónico, el WhatsApp, el acceso a internet con una buena conectividad, etc., hace que no se sienta la diferencia.

El hecho de trabajar en el hogar y no en la oficina, tiene grandes ventajas para el colaborador como, por ejemplo, aumentará su rendimiento, ahorrará en el costo y tiempo en el transporte (ya sea que utilice transporte público o privado), tendrá una alimentación más sana, tendrá una mayor comodidad, tendrá un menor nivel de stress, mejorará sus relaciones familiares al compatibilizar su vida profesional con la familiar, tendrá mayor flexibilidad de horarios, entre otras ventajas.

Pero la empresa también tendría grandes ventajas como, por ejemplo, mejores resultados laborales, mejorará la calidad de vida de sus colaboradores con el consecuente mejor rendimiento, no gastará en alquiler de oficinas, promueve la inclusión de personas con condiciones de discapacidad, los espacios se pueden aprovechar para otras actividades, entre otras.

Pero habría, también, un tercer ganador: la sociedad en su conjunto y, en particular, el medio ambiente pues se aliviaría el tránsito vehicular con la consecuente disminución de la contaminación ambiental, disminuirían los enormes edificios llenos de oficinas que dominan el paisaje en varios de nuestros distritos, etc.

Y a usted, querido lector, cuando se levante el aislamiento sanitario, ¿no le gustaría seguir trabajando desde la comodidad de su hogar?

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